Ser profesional no es tener un titulo, es saber lo que haces

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Mientras más profesional,
Mientras más exitosa y desarrollada es la persona,
más definido será su carácter.

Esa gente tiene otra mentalidad…

Hace tiempo un empresario me dijo que, para él, una de las habilidades más importantes es la habilidad de saber leer a las personas. Leer no los libros, sino a las personas. Aprender a escuchar lo que no se dice, aprender a interpretar los silencios y los gestos…

Entonces me contó una historia. Dice que en un pequeño pueblo había un señor muy servicial. Este señor tenía un burro y siempre que alguno de sus vecinos quería ir hasta el pueblo más cercano a comprar medicina o cualquier otra cosa, se acercaban donde él para que les prestara el burro.

Vecino, vecino, présteme su burro, en una media horita se lo traigo de regreso. – le decían algunos de sus paisanos.

Adelante. – contestaba el vecino. – Llévelo nomás.

Y así, el buen hombre siempre les prestaba el burro.

Hasta que sucedió que un día el burro amaneció enfermo, sin poder moverse. Entonces el vecino, que era muy bueno, muy servicial, no sabía cómo decirle NO al pedido de sus amigos.
El hombre pensó: “Si les digo que el burro está enfermo, no me van a creer…”
“Ah…ya se, ya se.- pensó. Se me ha ocurrido una idea: llevaré al burro al corral y cuando vengan a llevarlo, les diré que ya lo presté.”

Y así sucedió. La gente venía:
Vecino, vecino, présteme su burro.
Justo lo acabo de prestar.- contestaba el vecino. Ahorita el burro ya debe estar como a unos 15 minutos de aquí… si hubieses venido antes, te lo hubiese prestado.

La gente entendía y se iban sin mayor inconveniente.

Hasta que vino un muchacho:
“Vecino, vecino, présteme su burro”
Justo lo acabo de prestar.- dijo el vecino.- Ahorita ya debe estar lejos, ya debe estar como a una media hora de aquí.

Pero justo cuando el vecino terminó de hablar, el burro empezó a rebuznar…

Ya ve vecino. – dijo el muchacho. No seas malito, préstemelo. Si allí está el burro, yo lo estoy escuchando.

Ya te dije que no está el burro, se lo que acaban de llevar. –

Pero allí está vecino, yo lo estoy escuchando, préstemelo, no sea malito…

Ya te dije que ya se lo llevaron…

Y el muchacho insistía e insistía:
Te lo traigo rápido vecino, préstamelo, si allí está el burro, yo lo estoy escuchando.

Tanto insistió el muchacho, que el vecino se cansó:

Bueno, bueno. – dijo el vecino- te estoy diciendo que no está.

Pero si allí está el burro. – dijo el muchacho. Si hasta está rebuznando.

Te estoy diciendo que no está. – dijo el vecino. ¿A quién le vas a hacer caso? ¿Al burro o a mí?

Al escuchar esa historia me quedé pensando: ¿A quién hacerle caso? ¿Al burro o al dueño? Inmediatamente sugerí que el que estaba mal era el vecino, el dueño del burro, porque tranquilamente desde el principio pudo decir que su burro estaba enfermo. Pero mi amigo dijo: “lo más fácil siempre es echarle la culpa al otro… vamos a suponer que el dueño del burro estaba en falta por no hablar con la verdad. Aun así, tú debes captar lo que realmente te está diciendo. Él te está diciendo que no quiere prestar su burro, por algo será. Debe tener alguna razón para no querer hacerlo… ¿Por qué le insistes si está claro que no lo quiere prestar? Debes ser inteligente para entender el mensaje entre líneas. Así que tienes que hacerle caso al dueño del burro.”

Otro amigo me contó que se iba a asociar con un colega suyo.

Habían quedado en sacar adelante un negocio. Entonces ellos conversaron sobre el potencial del negocio y todos los detalles de su emprendimiento. Se pusieron de acuerdo y dijeron que uno pondría una cosa y el otro tal cosa. Así que antes de empezar, él le dijo a su colega: “cuando uno se asocia las cosas no se hablan, se escriben. Así que estos acuerdos los voy a poner por escrito y vamos a constituir la empresa.”

Llegado el momento,

los dos hombres tenían que firmar para que todo quede sellado formalmente. Pero a la hora de la hora, el colega siempre ponía una excusa. “Que mañana firmo, que hoy no tuve tiempo, que déjame que primero voy a resolver un asunto…” Entonces mi amigo me dijo: “Ya ahí me di cuenta que este compa no quería firmar, me estaba paseando. Esto no era su prioridad o no estaba seguro… así que ya no lo rogué.”


He visto que este es un rasgo en las mentes avanzadas: captan desde los silencios hasta lo que hay detrás de las palabras más ligeras. No pierden tiempo rogando… observan, analizan, toman decisiones, y avanzan… no se atascan pidiendo explicaciones donde a veces todo está más claro que el agua.

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